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Corrupción e hipocresía “indignada” en la España del ¿con IVA o sin IVA?

Gustavo Vidal Manzanares | Jurista y escritor

nuevatribuna.es | 30 Octubre 2014 – 11:00 h.

Créanme, los políticos jamás llegaron en naves extraterrestres desde la galaxia de Andrómeda. Salieron y salen de “la gente”. Y por lo tanto, muchos portan en sus genes dos esquemas muy comunes entre… “la gente”: Uno, conseguir lo más con lo menos y, dos,  no me des, pon me donde “haiga”. O sea, la ley del mínimo esfuerzo y trincar cuanto se pueda. Vivir al límite  al socaire de esa frase tan castiza “bueno, luego ya se verá, que si somos muchos a todos no nos van a meter en la cárcel, ¿no?”

Como putas clandestinas que defienden su decoro

Sí, diputados, alcaldes, ministros, presidentes, concejales… todos han nacido y se han criado en este país tan atormentado como hipócrita que, hoy, se “indigna” ante los escándalos políticos como puta clandestina que defiende su decoro….

Sí, la sociedad del ¿lo quiere con IVA o sin IVA?, las chapuzas en negro, los comercios y bares donde no se entrega al cliente el ticket de la compra o la consumición, donde no se registran gran parte de las ventas, las horas extra sin declarar y/o pagar, donde tantos taxistas “pasean” turistas por la ciudad concluyendo con “son cincuenta euros”, donde han proliferado las academias pirata para opositores, donde tantos empresarios (ahora llamados “emprendedores”) junto a  “honradíiiisimos” trabajadores pactaban la nómina en A y en B…”porque tú te ahorras así seguridad social, a mi me sale a devolver en la declaración de Hacienda y además puedo acceder a ayudas públicas” …

Pero ¿quién tiene legitimidad para indignarse con los casos de corrupción que se van destapando últimamente? ¿Acaso confiere legitimación el mero hecho de hundir  un cazo más pequeño en la obscena caldera del fraude, fundamentalmente porque no se dispone de un recipiente más grande? Últimamente detecto más hipocresía de la que soy capaz de aguantar sin indignarme ni callarme frente tanto farsante como veo, leo y escucho.

¡¡¡ Hipócritas, hipócritas, hipócritas!!!

Del diálogo con mi ponderado e inteligente amigo M.A. Lahoya extraigo y reproduzco las siguientes preguntas:

¿De verdad pensáis que esto va a cambiar?, ¿De verdad pensáis que a partir de ahora todos van a pedir la factura y pagar el IVA?, ¿De verdad  pensáis que todos van a cumplir con sus obligaciones de pagar las facturas en el plazo establecido?, ¿De verdad pensáis que todos los empresarios van a tener contratados por las horas reales de trabajo a sus empleados?, ¿De verdad pensáis que los alumnos no van a volver a copiar en los exámenes?, ¿De verdad pensáis que los futuros políticos van a tener sus necesidades y ambiciones tan cubiertas que no van a aceptar sobornos o chantajes por parte de empresarios?, ¿De verdad pensáis que nadie va a volver a utilizar sus contactos para conseguir un trabajo, una venta o un ascenso sobre alguien que lo merezca más?, ¿De verdad pensáis que nadie va a piratear derechos de autor?, ¿De verdad pensáis que nadie va a comprar productos robados?, ¿De verdad pensáis que nadie va a engañar en sus declaraciones para conseguir ayudas y subvenciones?, ¿De verdad pensáis que ningún estudiante va a fundir el dinero de la beca en cambiar de móvil o en algún viaje?, ¿De verdad pensáis que, por arte de magia, se ha evaporado el gen de la pillería, la picaresca, en lo españoles? ¿¿¿ ¡¡¡ De verdad !!! ???

Y por mucha perífrasis que se emplee, la corrupción no significa más—ni menos—que valerse de medios torcidos, y no pocas veces ilegales, para alcanzar beneficios personales, por lo general económicos, laborales, sociales, etc. En lenguaje coloquial, conseguir más de lo merecido valiéndose de la trampa, el trapicheo, la recomendación… echarle cara (y desvergüenza) para obtener lo que no se puede lograr mediante el mérito, la capacidad, el esfuerzo y el sacrificio.  Ni que decir tiene que esos enriquecimientos o mejoras ilegítimamente obtenidas lo son en perjuicio bien directamente de un tercero o de la colectividad (el estado). Generalmente a costa de ambos.

Pero, “curiosamente”,  mientras circulaba el dinero muy poca gente se “indignaba” ante la corrupción política, pues todo el latrocinio quedaba sepultado por el poderoso caballero que tan bien describiría Quevedo.

Y—como en la canción dedicada por Joaquín Sabina al Jaro (“macarra de ceñido pantalón, pandillero tatuado y suburbial”) —nadie se preguntaba “¿de dónde sale todo este parné?”.  Muy al contrario,  mientras el caldero del oro borboteaba, ciudadanos de toda condición social arrimaban el  cazo. Y la mayoría codiciaba llenarlo sin más límite que el tamaño de su cazuela.

Pero, ahora, cuando escasea lo anterior, escasez que se acusa primero y más intensamente en quien portaba el puchero más pequeño, la “indignación” generalizada emerge… ¡vaya por Dios! Brotan como setas (algunas muy tóxicas) colectivos, asociaciones, plataformas, círculos y conciliábulos con el/la consiguiente charlatán/a y “altruista” ciudadano/a dispuesto/a a enarbolar la bandera frente “tanta injusticia” por la “gente que ahora está sufriendo”.  No pocas veces, estos abanderados de causas ajenas acaban o acabarán en política.

Un perverso e interesado maniqueísmo

Es cierto que el actual sistema se agrieta y amenaza derrumbe, pero lejos de plantear alternativas realistas, gran parte de la ciudadanía elude su responsabilidad individual señalando a “los políticos” como si procedieran de las lunas de Júpiter y no conformaran sino ramas de un mismo árbol podrido desde la raíz a la copa.

Así, muchos de los “indignados ante la corrupción de los políticos” parecen dar por hecho que ellos son puros en una sociedad de engaños y ambiciones.Lamentablemente, ningún país puede impedir el desplome y desintegración cuando este interesado y perverso maniqueísmo se generaliza. Ninguno.

Como quien se alcoholiza para evitar la realidad

A su vez, un gran sector de “la gente indignada” parece (esperemos que solo lo parezca) optar por quienes se inspiran en regímenes mucho más corruptos que el nuestro a la par que todavía más injustos e ineficaces.

Desgraciadamente, quienes hoy se presentan como paladines de la pureza democrática y, sacan tajada política de la corrupción, asesoraron a algunos de los gobiernos más corruptos del planeta a la vez que con total sinceridad alababan y envidiaban sus “cualidades” … “¡pues qué envidia me da!”, exclamó un huero producto televisivo con pretensiones de gobierno ante las “excelencias” de un régimen donde los ciudadanos ya no disponen ni de papel higiénico pese a contar con inmensos recursos petrolíferos (lo que demuestra la falacia del “peor que los de ahora es imposible hacerlo”.).

Nunca fue buen remedio beber para olvidar ni darse a la heroína para  aplacar los problemas, sufrimientos y dolores  De hecho, este proceder siempre ha exacerbado el padecimiento y la zozobra. Pero una parte significativa del pueblo español parece inclinarse sobre un nefasto precipicio de mesianismo, demagogia y recetas ruinosas, proyección en política del  “beber o pincharse para olvidar”. Nada bueno, y mucho malo, cabe esperar por este lado o como bien decía mi sabia abuela: “advertidos están y allá “cuidaos”.

“Todos fuimos culpables”

Pocos personajes de nuestra lacerada historia me han parecido tan interesantes como Juan Simeón Vidarte. Reflejo de aquella inteligencia es su obra Todos fuimos culpables, profunda y prolongada reflexión sobre la gran tragedia española del siglo XX.

Hoy necesitamos hombres y mujeres como aquel inefable político que, desde la lejanía y el dolor del exilio, supo admitir que, sí, todos fuimos culpables. Básicamente porque ningún fenómeno pernicioso, complejo y generalizado puede imputarse en exclusiva a persona o colectivo alguno.

Engaña, con todos los dientes de su boca, que diría el inolvidable Saramago (que no “Sara Mago”, señora condesa Aguirre) quien no mire a los ojos a la ciudadanía y, al menos, intente un ejercicio de catarsis colectiva y reconocimiento general de culpas, es decir, quien cebe su anzuelo con promesas y no apele al mérito, el sacrificio personal, el esfuerzo y la capacidad como motores de cualquier país próspero y justo, quien no proclame que cada derecho implica un deber y que para exigir derechos hay que contribuir mediante la producción o el servicio público, pues de lo contrario otro carga injustamente con el coste, quien, en suma, no pregone (aún a riesgo de arruinar su carrera política o mediática)… que todos fuimos culpables, conditio sine qua non para la regeneración que España necesita. Aunque si lo desean, ustedes pueden creer y seguir a salvapatrias, charlatanes, “indignados” y “altruistas” abanderados de causas ajenas.

Si creen y siguen esto último les felicito por su mundo maravilloso donde el ser humano parece haber experimentado un trascendental salto en la evolución, los corazones laten amorosamente al unísono y en ningún vestuario huele a pies. Sigan durmiendo. Yo prefiero estar despierto con la verdad y la realidad antes que sumergido en el sueño opiáceo y etílico de la mentira, la hipocresía y las ilusiones con fecha de caducidad.

Pero, por favor, cuando el imparable y estridente despertador de la realidad y la historia retruene  en sus oídos… no pidan que los demás les curemos la resaca ni paguemos el café.

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2 comentarios el “Corrupción e hipocresía “indignada” en la España del ¿con IVA o sin IVA?

  1. Dedicado con cariño a los ángeles exterminadores que con sus espadas flamígeras vigilan la entrada al paraíso para impedir que entren los impuros.

  2. Me ha parecido una excelente reflexión la que hace en este artículo porque da en la diana de la esencia que nos constituye a la inmensa mayoría de los españoles, sin importar de donde procedan. La verdad es que, desde tiempo inmemorial, el pillaje y la mentira han sido fieles compañeros de viaje de la sociedad española en su conjunto, salvo raras excepciones. Lo primero que tendríamos que reconocer, si es que realmente queremos salir de esta situación de escándalo por la corrupción y las corruptelas, es nuestro pecado: somos así y hemos de cambiar. Pero TODOS, no solo los políticos. La responsabilidad es común, pues alguna responsabilidad tendremos los que los votamos cada vez que ejercemos el derecho democrático de elegir a nuestros representantes. El dicho tan repetido de que “cada país o cada pueblo tiene el gobierno que se merece” tiene sentido en nuestro caso español. Los hemos elegido nosotros. Si no hemos equivocado tenemos la posibilidad de rectificar en las próximas elecciones. Pero…cuidado!, hemos de informarnos primero de quién es quien. Además, hemos de controlarlos de alguna manera después haciendo un seguimiento pormenorizado del cumplimiento de sus programas.O lo que es lo mismo, haciendo que la democracia sea más participativa.

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